Los Machuca Olvidados

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A sólo una cuadra de mi casa pasaba el micro de la línea Central Ovalle que me dejaba en Lira con Diez de Julio, a muy pocos metros del Liceo 10, en el que finalmente terminaría mi educación media, luego que mi padre me había dicho que no volvería a buscarme otro colegio después que me habían cancelado la matrícula en el Don Bosco por dibujar unos billetes de cinco escudos y pasarlos en el casino. Creo que me excedí invitando a medio curso, alentado por los buenos resultados iniciales.
Mi llegada al nuevo colegio determinó mi aterrizaje forzoso en el Chile real de aquellos tiempos, cosa que no habían logrado ninguna de aquellas tantas otras señales con las que convivía a diario y que casi había asumido como normales.
Ni las colas que a diario tenía que hacer para el pan , ni la cola de los días martes cuando llegaba el pollo, ni los titulares de los medios que cada vez más seguido publicaban las nuevas listas de precios oficiales de todos los productos básicos o no, habían logrado sacarme de mi mundo de experimentos, música y pequeños romances.
De vez en cuando me cuestionaba cosas como que los huevos costaban veinte escudos y que el precio oficial de los pollos era de sesenta escudos, o sea, tres huevos equivalían a un pollo. La causa era bastante lógica ya que el precio de los huevos era casi el único producto que no estaba sujeto a fijación y por lo tanto los podías hallar en todas partes, en cambio conseguir un famélico pollo los días martes era una verdadera aventura. Ni hablar de la carne, pues las carnicerías del barrio sólo abrían una vez a la semana que era el día en que llegaba ya que quedaban vacías el mismo día que era distribuída bajo férreo control de las JAP (Junta de Abastecimientos y Precios) con quienes podías salir de algún apuro el resto de la semana si tenías el dinero suficiente para pagar a precio de “mercado informal” o mercado negro como se le llamaba si no eras un “proveedor” del partido.
Mi barrio estaba justo al medio de lo que entonces se denominaba el “Cordón Industrial”, formado por importantes empresas que habían sido “intervenidas” por el gobierno para pasarlas a lo que denominaban “el área social de la economía” ente las que puedo recordar estaban Soprole, Sumar, Lucchetti, IRT, Sedilan y otras que olvido. Esta cercanía me había ayudado a familiarizarme con el sonido de las armas de fuego que todas las mañanas muy temprano, cuando salía de mi casa y esperar la llegada de la Central Ovalle, se oían desde dentro de las industrias a causa de las prácticas de tiro, que como según ellos decían, era para defendernos a nosotros, es decir “al pueblo”.
Mi barrio se llamaba Población Chile ( Vicuña Mackenna) y había nacido para dar habitación a los empleados que eran mandos medios de las empresas del cordón en los tiempos en que aún eran privadas. Nosotros llegamos posteriormente ya que mi padre le compró a uno de los tantos empleados que habían sido apartados de sus funciones para darle paso a otros encargados “que estuvieran más comprometidos con los cambios sociales” que requería el nuevo orden. Nosotros éramos uno de los pocos casos que no correspondían a unos ni otros.
Nada de ello tuvo el poder de afectarme tanto como mi nuevo colegio, pero bueno, como ya me extendí demasiado, esto será materia de mi siguiente posteo: “Los Machuca Olvidados II

5 comentarios:

Javier Bazán dijo...

A propósito de lo que escribes, me acabo de enterar por el blog de Hermógenes que por el canal TVN, mostraban que las colas y desabastecimiento pertenecen al Gobierno Militar y no al UP.

Bueno tú relato.

Supongo que el colegio Don Bosco era bueno o es bueno. Después de todo, es un colegio religioso.

Violante Cabral dijo...

Me acuerdo que Mi Ma, que recibía dólares (clandestinos) de Mi Pa que estaba en Usa, tuvo que pagar $20 en esa época (1973) para poder conseguir una botellita de tamaño de perfume de aceite de oliva que le compró a un gallo que estaba en las JAP. Y como esas cien historias. En Viña el pan de molde se hacía con harina de pescado (entonces lo vendían como hogaza) y si lo partías era cóncavo por dentro, cabía mi mano. Yo estuve un año sin comer carne, ni mantequilla, y mi desayuno era ensalada chilena y té. No éramos pobres, pero ni con plata conseguías nada. No había ni paños higiénicos en las farmacias. Ayy pero me olvidé, los upelientos dicen que eso fue culpa de la CIA. ¿Les creemos?

Vicente Olazaran dijo...

Javier: no ví el programa, pero no sería extraño. No sería raro que dijeran lo mismo de las JAP.
Ya se envalentonaron al ver que quienes debieran poner las cosas en su lugar están totalmente neutralizados. De ahí, cualquier cosa es posible.

Vicente Olazaran dijo...

Cierto Volante,Hay tantos detalles que se vienen al recuerdo.
Los jeans, "íconos del imperialismo" según los ideólogos de la UP, sólo se podían conseguir de contrabando y eran parte de la tenida preferida de los "revolucionarios anti-imperialistas" (ver fotos de la época).

Javier Bazán dijo...

Vicente:
Lo que dices de los jeans es muy importante. Por otro blog, de un señor que tiene más de cincuenta años, él cuenta que los jeans era bien de lujo, ya sea por las restricciones del sistema económico,o sea, altos aranceles y lo que tú cuentas de la UP.

 

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