Las joyas radioactivas de Goiânia

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Wagner Mota Pereira un recolector de chatarra de medio tiempo de la joven ciudad brasileña de Goiânia encontró un curioso aparato en  un inmueble abandonado que había pertenecido a una clínica y decidió llevar una parte de él en su carretilla ayudado por su amigo Roberto dos Santos.
Wagner no sabía y seguramente tampoco le interesaba saber que se trataba de una unidad de terapia radiológica abandonada. Una vez en su casa se dispusieron a desmantelar el curioso aparato que consistía en una carcasa que permitía ver en su interior una cápsula con una pequeña ventanita de iridio que despertó la curiosidad de los chatarreros.
Lo que no sabían era que contenía Cesio 137, un isótopo altamente radioactivo.
Después de largos y trabajosos intentos finalmente consiguieron extraer la cápsula y como consecuencia, se sintieron bastante mal debido a la radiación gamma emitida a traves de la ventanita de iridio. Wagner y Mota, sin embargo, no lo relacionaron con  su nuevo juguete, sino que a alguna secuela de sus frecuentes juergas.
Desde el interior de la cápsula podían ver  que manaba una profunda luz azul, pero finalmente terminaron rindiéndose tratando de extraer el enigmático material, seguramente porque además ya se sentían bastante mal.
Finalmente terminaron vendiéndosela a Devair Alves dueño de una chatarrería donde habitualmente llevaban todo lo recolectado.
Esa noche Devair vió asombrado el resplandor azul que salía de la caja y en los siguientes días quiso compartir con familiares y conocidos la fascinante experiencia. El enigmático aparato se había convertido en toda una celebridad.

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